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Casa de la Virgen María entre Éfeso y Selçuk, Esmirna, Turquía |
La Casa de la Virgen María es un lugar religioso cristiano, de oración, cerca de Éfeso y Selçuk. Lo que sabemos es que el Apóstol Juan, llevó a la Virgen María allí, de acuerdo a lo que un Jesús agonizante le expresó: «Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19, 25-27).
Llegan huyendo de la persecución en Jerusalén y hasta su bienaventurada Asunción, según los ortodoxos.
¿Cómo se llega a saber que esa casa, escondida entre montañas, era la casa de San Juan Apóstol y María?
Una monja alemana, Sor Anna Katharina Emmerick (1774-1824), beatificada en 2004, fue objeto de unas curiosas alucinaciones que le llevan a visionar muchos de los episodios evangélicos de una manera, por un lado, muy vívida, y por otro, extrañamente verosímiles.
Muchas de sus visiones fueron inspiración para Mel Gibson, en la película La Pasión.
Las visiones de Sor Katharina Emmerick fueron llevadas a papel por el escritor alemán Clemens Brentano entre los años 1818 y 1824. Dichas visiones dieron para varios libros, uno de ellos “La amarga pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, y otro de ellos, el que nos interesa aquí “La vida de la Virgen María”.
La monja alemana, nunca visitó Turquía. A partir de las visiones que tiene, da una descripción de la casa en la que habría vivido María en la ciudad turca de Efes (Éfeso), la cual sitúa en la falda de una montaña, cercana a un arroyuelo, con vistas a la ciudad y al mar, de piedra, planta rectangular, con un ábside y una chimenea.
Con esta descripción, los padres paúles H. Jung y Eugene Poulin organizan una expedición en 1891. Hallándose en la región de Degirmerdere y muertos de sed, preguntan a unos paisanos donde pueden encontrar algo de agua, y conducidos a un arroyuelo, se aparece ante sus atónitos ojos una casa que coincidía perfectamente con la descripción realizada por la monja alemana, y que, para colmo de las coincidencias, tiene en el ábside una estatua de la Virgen María. Lo que obliga a aceptar la existencia de una tradición inveterada y probablemente ininterrumpida en el lugar. El culto era más antiguo de lo que se suponía. Analizada por los arqueólogos, se llega a la conclusión de que se trata de una edificación del siglo I d.C., sobre la que en el siglo IV se habría superpuesto una pequeña iglesia.
A partir de ahí, comienza el proceso de reconocimiento de la reliquia. En 1914, el Papa Pío X ofrece indulgencia plenaria a los peregrinos que visiten la Casa de Éfeso. En 1951, apenas un año después de declarar el dogma de la Asunción de María, último de los declarados por la Iglesia, Pío XII la declara objeto de peregrinaje. Y el 26 de julio de 1967, Pablo VI se convierte en el primer Papa que la visita. Más tarde lo harán también Juan Pablo II, el 30 de noviembre de 1979, y Benedicto XVI, el 29 de noviembre de 2006.
El santuario reviste la notable particularidad de ser lugar de culto común de cristianos y musulmanes, conocida como es la devoción que éstos profesan a la Virgen María. Por cierto, que existe entre los turcos musulmanes la tradición de peregrinar a la Casa de María justamente el 15 de agosto, fecha en la que, como se sabe, los cristianos celebramos la Asunción de María.
Nuestro guía nos comentó que hay agua milagrosa y la muestro en una fuente con canillas. Me puse en lugares que necesité. Les comento que al estar dentro de la casa de María, recé y no paré de llorar mientras oraba, por unos 20 minutos, estaba muy tocada, emocionada y sentía haber llegado a la casa de la Madre de todos. Es un lugar muy pequeño, como si fuera una habitación. Había dos reclinatorios individuales y el altar con la Virgen María. Permanecí arrodillada. El guardia hacía pasar a todas las personas, diciendo: "pasen porque hay más gente que tiene que pasar". A mí no me molestó nunca. Me dejó tranquila, orando sin decirme nada. Por dentro no se puede fotografiar. Mientras estaba allí, me dijo la Virgen, ve afuera, saca la fotografía del interior con el teleobjetivo y me verás. Pensé, no puedo estar escuchando esto, soy yo, mi mente. No, yo sé que ella me escuchó, sé que sabe todo lo que le dije, y me regaló amorosamente ese obsequio, abrazando mi finita humanidad, con penas humanas y absoluciones divinas.
Si miran las fotos verán que desde afuera hacia adentro, no se ve nada con el lente.
Cuando revelé la fotografía del teleobjetivo me llevé esta gran sorpresa, registrarla desde el exterior sin incumplir una norma y sin molestar el momento de oración.
Mi abuela era una gran devota de la Virgen María y nos encomendaba a sus nietos y familia a la protección de ella, como también yo hago con los míos.
Mi pasaje por la casa de la Madre María, nuestra Madre piadosa, fue movilizador, fue sentir lo mismo que me sentí en Asís, en la pequeña capilla de San Francisco o en Santiago de Compostela.
Sé que mis viajes, son un peregrinaje, andar por tierras extrañas, y se hacen particularmente familiares cuando camino lugares comunes a los apóstoles, santos, María y Jesús.
https://www.religionenlibertad.com/
Llegan huyendo de la persecución en Jerusalén y hasta su bienaventurada Asunción, según los ortodoxos.
¿Cómo se llega a saber que esa casa, escondida entre montañas, era la casa de San Juan Apóstol y María?
Una monja alemana, Sor Anna Katharina Emmerick (1774-1824), beatificada en 2004, fue objeto de unas curiosas alucinaciones que le llevan a visionar muchos de los episodios evangélicos de una manera, por un lado, muy vívida, y por otro, extrañamente verosímiles.
Muchas de sus visiones fueron inspiración para Mel Gibson, en la película La Pasión.
Las visiones de Sor Katharina Emmerick fueron llevadas a papel por el escritor alemán Clemens Brentano entre los años 1818 y 1824. Dichas visiones dieron para varios libros, uno de ellos “La amarga pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, y otro de ellos, el que nos interesa aquí “La vida de la Virgen María”.
La monja alemana, nunca visitó Turquía. A partir de las visiones que tiene, da una descripción de la casa en la que habría vivido María en la ciudad turca de Efes (Éfeso), la cual sitúa en la falda de una montaña, cercana a un arroyuelo, con vistas a la ciudad y al mar, de piedra, planta rectangular, con un ábside y una chimenea.
Con esta descripción, los padres paúles H. Jung y Eugene Poulin organizan una expedición en 1891. Hallándose en la región de Degirmerdere y muertos de sed, preguntan a unos paisanos donde pueden encontrar algo de agua, y conducidos a un arroyuelo, se aparece ante sus atónitos ojos una casa que coincidía perfectamente con la descripción realizada por la monja alemana, y que, para colmo de las coincidencias, tiene en el ábside una estatua de la Virgen María. Lo que obliga a aceptar la existencia de una tradición inveterada y probablemente ininterrumpida en el lugar. El culto era más antiguo de lo que se suponía. Analizada por los arqueólogos, se llega a la conclusión de que se trata de una edificación del siglo I d.C., sobre la que en el siglo IV se habría superpuesto una pequeña iglesia.
A partir de ahí, comienza el proceso de reconocimiento de la reliquia. En 1914, el Papa Pío X ofrece indulgencia plenaria a los peregrinos que visiten la Casa de Éfeso. En 1951, apenas un año después de declarar el dogma de la Asunción de María, último de los declarados por la Iglesia, Pío XII la declara objeto de peregrinaje. Y el 26 de julio de 1967, Pablo VI se convierte en el primer Papa que la visita. Más tarde lo harán también Juan Pablo II, el 30 de noviembre de 1979, y Benedicto XVI, el 29 de noviembre de 2006.
El santuario reviste la notable particularidad de ser lugar de culto común de cristianos y musulmanes, conocida como es la devoción que éstos profesan a la Virgen María. Por cierto, que existe entre los turcos musulmanes la tradición de peregrinar a la Casa de María justamente el 15 de agosto, fecha en la que, como se sabe, los cristianos celebramos la Asunción de María.
Nuestro guía nos comentó que hay agua milagrosa y la muestro en una fuente con canillas. Me puse en lugares que necesité. Les comento que al estar dentro de la casa de María, recé y no paré de llorar mientras oraba, por unos 20 minutos, estaba muy tocada, emocionada y sentía haber llegado a la casa de la Madre de todos. Es un lugar muy pequeño, como si fuera una habitación. Había dos reclinatorios individuales y el altar con la Virgen María. Permanecí arrodillada. El guardia hacía pasar a todas las personas, diciendo: "pasen porque hay más gente que tiene que pasar". A mí no me molestó nunca. Me dejó tranquila, orando sin decirme nada. Por dentro no se puede fotografiar. Mientras estaba allí, me dijo la Virgen, ve afuera, saca la fotografía del interior con el teleobjetivo y me verás. Pensé, no puedo estar escuchando esto, soy yo, mi mente. No, yo sé que ella me escuchó, sé que sabe todo lo que le dije, y me regaló amorosamente ese obsequio, abrazando mi finita humanidad, con penas humanas y absoluciones divinas.
Si miran las fotos verán que desde afuera hacia adentro, no se ve nada con el lente.
Cuando revelé la fotografía del teleobjetivo me llevé esta gran sorpresa, registrarla desde el exterior sin incumplir una norma y sin molestar el momento de oración.
Mi abuela era una gran devota de la Virgen María y nos encomendaba a sus nietos y familia a la protección de ella, como también yo hago con los míos.
Mi pasaje por la casa de la Madre María, nuestra Madre piadosa, fue movilizador, fue sentir lo mismo que me sentí en Asís, en la pequeña capilla de San Francisco o en Santiago de Compostela.
Sé que mis viajes, son un peregrinaje, andar por tierras extrañas, y se hacen particularmente familiares cuando camino lugares comunes a los apóstoles, santos, María y Jesús.
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Camino a la Casa de la Virgen María
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Camino a la Casa de Meryemana Evi |
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Un tiempo en donde te envuelve la paz. Llegas a lo más íntimo de tu contacto con la Madre de Jesús, nuestra humilde Madre. |
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El manantial que corre por debajo de la casa, es de agua milagrosa. Vestigios de una fuente de esa agua en tiempos lejanos |
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Réplica de la imagen de la Virgen María que se encuentra en el interior de la casa. Es delicadamente hermosa. |
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El interior de la Casa de la Virgen María tiene poca luz natural |
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Interior de la Casa de la Virgen María, un altar humilde y sencillo. Se iluminó para poder compartirles. Se siente algo especial, muy especial. El abrigo de una Madre. |
Vídeo: Casa de la Virgen María
Bellísimo vídeo con la narración del
Padre José de Jesús Aguilar Valdés
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El muro de los agradecimientos, pedidos y deseos. Dejé también los míos. |
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Canillas o fuentes con agua milagrosa |
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Templo al aire libre para oficiar misa |
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Bellas vistas de una pueblo greco-turco |
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Amplias calles con diferentes tiendas a sus lados para que los turistas puedan llevarse algo de recuerdo. |
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Le Jardin Café &Restaurante. Hora de nuestro desayuno |
Şirince es una pintoresca aldea de montaña de 600 habitantes, en la provincia de Esmirna, Turquía. Está a 8 kilómetros al Este de la ciudad de Selçuk. La carretera para llegar a lo alto, donde está el pueblo, es sinuosa y se pueden ver muchos olivares y vides.
Şirince era una aldea de griegos antes de la Guerra greco-turca (1919-1922) y en el año 1923 los gobiernos turco y griego intercambiaron poblaciones. Turquía exilió a los griegos cristianos hacia Grecia y el gobierno griego exilió a los turcos musulmanes a Turquía.
Hay una historia que cuenta que en su asentamiento, fue una colonia de esclavos griegos y la denominaron Çirkince, que en turco significa feo, con el fin de despistar a otros que los quisieran seguir.
Este pueblo es un lugar popular entre los turistas, especialmente los fines de semana, famoso por sus vinos, casas, ceremonia del café turco y la mansedumbre como algo a destacar.
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Productos del lugar |
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Las ardillas comiendo nueces |
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Un desayuno en una pueblito pintoresco llamado Şirince |
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Entrañables Gökhan y Serpil |
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Nueces recién recogidas del nogal |
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Nueces frescas |
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Casas de piedra |
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El pueblo apronta su despertar para los turistas |
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Vista desde el Café Manzara |
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La dueña del Café Manzara nos prepara el café turco para la lectura de la borra |
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los utensilios para la hora del café |
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Añadir leyenda |
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Vistas desde el Café Manzara |
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Veysel mirando a María |
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En el centro del pueblo de Sirinçe una fuente con la imagen de la Virgen María Dice el cartel: "Está prohibido entrar a la fuente y arrojar objetos extraños" |
*Las fotografías que no llevan mi nombre fueron compartidas por Gustavo Rossi Vignoli