El día de mi cumpleaños tengo una sensación rara, va de la tristeza a la alegría, de la nostalgia al presente, de la incertidumbre a la sorpresa, del balance al equilibrio. Entran en juego emociones, sentimientos, recuerdos y también algunos pensamientos. Puedo ver claramente mis cumpleaños de niña, de adolescente y de adulta. Y remontándome en el tiempo, distingo en mi cuerpo las mismas emociones. En algún momento pensé que sería genial pasar durmiendo ese día, hacer un salto temporal despertando al otro día de mi cumpleaños, y ¿saben qué?, no me sentí para nada a gusto con esa sensación de haber perdido el mejor día de mi vida durmiendo.
Es el día en que todas las personas que nos quieren desean estar presentes, con muchos llamados telefónicos, por facebook, por sms, por whatsapp, de visita, enviando un ramo de flores, tirándome un beso por la ventanilla del coche. Me regalan, me miman, tienen su mirada puesta en mí. Hay llamadas que ya no recibo, quedan en silencio en mi corazón, con quienes hoy me comunico de una forma más etérea pero igual de cercana.
Cuando recibo un regalo, lo
primero que pienso es que esa persona salió expresamente a comprar algo para
mí, me lleva en su mente y recorre vidrieras y lugares para que yo quede
fascinada con su obsequio, sin importar por supuesto el valor del mismo.
Para
mí, el gran valor que tiene ese presente, es que esa persona haya dispuesto de
su tiempo para buscar algo que me agrade, además de que tiene que hacer un ejercicio
acerca de mis gustos y por ende me tiene que conocer un poquito.
No soy una persona que
haga grandes fiestas ni festejos, me gusta estar con los míos, con los
cercanos, familia y amigos, los que sé que me quieren y yo necesito estén a mi lado. No supe nunca
hacer cumplidos. A veces lógicamente que las distancias y el tiempo, nos alejan,
pero hay formas también de estar cerca. Y el que quiere estar, encuentra la
forma de hacerlo.
Mis padres se divorciaron cuando
yo era pequeña, algunas veces asocié mis nostalgias cumpleañeras, por el hecho
de que papá no estaba en mis cumpleaños. Luego comprobé que algo había de eso.
La ausencia de un ser tan querido, por circunstancias ajenas a mi voluntad, indudable
que me marcaron. Recuerdo que cuando él llegaba a darme un beso y un abrazo yo
me sentía completa, era como que se integraba mi familia nuevamente. Era feliz. Increíblemente, la vida me hizo
ser una niña de padres divorciados a la mitad de la década de los 60’s y mis hijas tienen a sus padres juntos hasta
hoy. Son tal vez las compensaciones de la vida. Nunca se sabe hasta cuando, pero
lo que sí aprendí con el paso de mis cumpleaños, es que nunca está dicha la
última palabra. Nos hacemos de acuerdo a las experiencias propias y familiares
también.
Pero hete aquí, que también me
ocurre con los cumpleaños de mis hijas. Hoy es el día de cumpleaños de mi hija
María Victoria. Anoche mientras terminaba sus tortas, se me piantó algún lagrimón.
Los días previos a estas fechas, siento nostalgia, que no la puedo asociar a
nada en particular, y con el tiempo, veo que son períodos claramente marcados. En
la observación interior que hago del hecho, siento que los cumpleaños de mis
hijas, marcan aún más mi paso por la vida, y eso, indudablemente que da cierta expectación.
Estar parado en una edad madura, con plena conciencia de ello, hace que hagamos
balances y balancetes y hasta declaraciones juradas por las dudas, pero
felizmente puedo decir que el día de mi cumpleaños es un día en que celebro
haber nacido. Celebro haber nacido en la familia que nací, porque de ella y
de sus integrantes, me nutrí para construirme y construir mi propio hogar. Cada aniversario me hago más grande e
intento ser más sabia, conducirme casi intuitivamente por la vida y con el corazón, ser más amiga de mis recuerdos y pensamientos, de las personas que quiero y también de tomar distancia de las personas y cosas que ya no me agradan e incomodan o peor, no me interesan. Pero hoy lo dejo aquí, tal vez algún día escriba de las
cosas que ya no banco.
Esto fue una reflexión en “voz alta” para compartir
con los que pueden sentir algo parecido. Puede servir para “rumbearse” en la
búsqueda de los por qué o para qué y luego de dar en el clavo, uno afloja ese momento
de bajón que se da en algunas personas, cuando llega la fecha de cumpleaños.
Pienso así, no
deja de ser el día más especial de nuestras vidas, nos recuerda la celebración
de nuestros padres y toda la familia por la llegada de ese nuevo integrante,
lleno de luz, de inocencia, de dependencia, lleno de la magia de la creación y lleno de ganas de respirar el
aire de la vida, pero también, con miedos de dejar ese lugar tan cálido, tan puro y cercano a mamá en donde el corazón de ella fue la música de mi estadía.
Les comparto algunas fotos de las
dulzuras que acompañaron el festejo y que mis hijas y los invitados adoran
degustar. ¡Esto también me hace feliz! Nutrir con alimentos y nutrir con amor.
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La cumpleañera |